Extranjeros y Moralidad
Los extranjeros no son solo inmigrantes puede ser también un neófito, nuevo rico o trepador al tratar de integrarse e imitar se convierten en un espejo deformante de los que antes allí estábamos. Con sus movimientos torpes se vuelven una caricatura de la caricatura que ya eramos. La herramienta inmediata es el rechazo que pretende presionarlos para que se marchen.
Cuando las agresiones no funcionan se recurre a la separación espiritual que se experimenta en las diferencias raciales por ejemplo, en los países desarrollados sí se llega a tener contacto con los inmigrantes es puramente comercial o de explotación laboral.
La separación territorial se hizo en ghettos -que es un término e invento italiano- con murallas, puertas cerradas al anochecer y estrictas leyes a los que viven marginadas por el resto de la sociedad. Como en El Pianista.
Existen desde Roma de 1555 producto de la intolerancia practicada por los cristianos y el deseo por parte de los judíos de mantener su unidad y exclusividad, se siguieron creando tres siglos después y se abolieron en la Revolución Francesa.
Hoy a este fenómeno del pasado se le llama judería y gueto es un término despectivo para los barrios habitados por emigrantes del tercer mundo o negros, en París o Nueva York es estado consciente de segregación, el término se escucha en el rap y está en los diálogos de series de televisión; aunque no es institucionalizado como el apartheid en Sudáfrica o la separación de castas en la India.
Hitler que retomó las juderías en la Segunda Guerra Mundial y ordenó instaurarlas en las zonas urbanas de todos los países que dominaba, fue quien hizo de esto un acto de crueldad y barbarie aún más infame al convertirlos en campos de concentración. Lo cierto es para que muchos sectores los judíos eran una raza extranjera que no podía integrarse dentro de la cultura europea.
Aún conociendo el carácter protervo de los actos en su país, los alemanes no hacían nada por evitarlo. Solo en el campo de concentración de Auschwitz murieron 4 de los 6 millones de personas. El sentimiento de respeto por el bienestar del otro se perdió por complet. Hay que recordar que la solidaridad es desinteresada, sin calcular las ganancias, sin contratos no epor temor y sin importar como o quien es la otra persona.
Hoy en Colombia, en alguna de las calles de Bogotá por ejemplo, los demás dejan que atraquen, hieran o asesinen sin pedir ayuda al menos; actúa sin ningún recato su discreción cortés, convertida en apatía, camuflada en su rol de simple transeúnte y excusada en el miedo que en el holocausto no acobardó a Oskar Schindler un ingeniero y empresario que tenía dinero de sobra y que desde la élite podría sencillamente haberse enterado de lo que sucedía desde Argentina, en los periódicos.
―Muchos de vosotros conocéis las persecuciones, dificultades y chantajes que he debido superar para conservar a mi personal durante muchos años. Sí ya era difícil defender los escasos derechos de un obrero polaco, resguardar su trabajo y evitar que fuera enviado forzadamente a Reich, la lucha para proteger a los trabajadores judíos ha parecido en muchas ocasiones imposible.
Desde la obra de Sí esto es un hombre de Primo Levi se entiende que los judíos de muchas partes de Europa en el campo de concentración no olvidaban su carácter moral, muchos naturalmente solo lo perdían: “frente a la necesidad y el malestar físico oprimente, muchas costumbres e instintos sociales son reducidos al silencio”.
En los campos de concentración aquellos que sobrevivían eran los que se destacaban ante los alemanes, demostraban eficiencia o trabajaban más duro, los salvados superaron el primer filtro en el que los soldados los consideraban aptos para ser obreros, los demás iban para las cámaras de gas, en la siguiente etapa no podían detenerse a darle la mano a quien se caía; eran ascendidos y obtenían unos gramos adicionales de pan se volvían fuertes, respetados y temidos, se convertían entonces en un candidato a sobrevivir.




